Tengo amplia experiencia en el área administrativa, en tareas de gestión de documentación y contenidos, tanto en el campo de la producción artística y la publicidad audiovisual, como en la docencia, en colectivos sociales, colegios, academias y empresas.
En ocasiones, resulta una gran inseguridad e indignación observar errores ortográficos tan groseros como la confusión en el empleo de “a ver” y “haber”. O cuántas personas o incluso lectores desconoce cómo se escribe “hazmerreír”.
Otras veces el uso coloquial de la lengua termina traicionando inconscientemente el buen desarrollo de la redacción, por ejemplo, en el empleo de las comas y otros signos de puntuación, o los diferentes conectores, conjunciones, locuciones preposicionales, etc.
Lo verdaderamente importante es reconocer y conocer los diferentes significados de las expresiones, para que no existan errores que lamentar en el ámbito público. Igualmente, es fundamental la pericia de prestar atención a lo más pequeño, que al final termina siendo una vía de escape ante los errores o circunstancias que se pasan por alto.
La gran cantidad de variaciones de la lengua vuelve algo complicado expresarse con exactitud, y de igual manera, el medio también juega un rol fundamental. No es lo mismo un texto académico que un texto publicitario, o un contenido digital.
Por ello considero que la adecuada corrección de un texto debe obedecer a su último fin, que es conectar eficazmente con su lector potencial, a salvo de errores ortográficos, de puntuación y gramaticales.